Con el pasar de los días me voy dando cuenta, voy descubriendo a mi corta edad, que el ahora, el momento, el tiempo real, el tiempo en que estoy escribiendo esto para persona que jamás lo leerán, es el momento más hermoso y es cuando debemos enfocarnos, muchas veces mi vida se va en pensamiento, personas, situaciones que ya no tienen reparo, cuando ví se me fue el día en pensar tantas cosas, que llegan a ninguna evolución.

Somos nosotros los encargados en ver la vida como una cofre lleno de oro, un paraíso que tiene tiempo de caducidad, que hoy estamos mañana no sabemos, que hoy tenemos el amor, mañana ya estamos en pedazos, al final de cuenta las cosas salen mejor cuando no se planean, cuando está el mínimo interés, cuando no buscamos, cuando estamos dispuesto a vivir y esperar lo que sea.

Puedo decir que yo quisiera vivir esto que escribo, quisiera estar más presente, más en armonía conmigo misma, pero soy dura, soy una pensadora constante, de situaciones, personas y amores; lo irónico que pienso tanto, que de nada sirve porque soy la persona más impulsiva y suelta a la hora de expresar emociones, que me han llevado al arrepentimiento, a la agonía, a las ganas de saber de esa persona, cuando se que no debía actuar de tal forma.

En estos momentos extraño, me siento con un arrepentimiento, perdí a un ser que no era tan extraordinario pero me hacía feliz, ahora es cuando reflexionó y me digo tal vez si hubiera sido más tranquila, hubiera tenido el amor en mí, pero una cosa les dire no me arrepiento de mi comportamiento así muera de agonía, se muy en el fondo que no es bueno para mí, que me hacía feliz pero tal vez confundo felicidad con costumbre.